Dolor lumbar en el embarazo: por qué aparece y qué se puede hacer
Escrito por Juan Miguel Pérez Roca. Revisado clínicamente por Juan Miguel Pérez Roca.
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En resumen
El dolor lumbar y pélvico en el embarazo es frecuente, pero no es algo que haya que aguantar sin más. De todo lo que se ha estudiado, lo que cuenta con mejor respaldo es el ejercicio adaptado; la terapia manual tiene evidencia más limitada. En consulta trabajamos combinando ambas cosas.
Por qué aparece
Durante el embarazo pasan varias cosas a la vez. El útero crece y desplaza el centro de gravedad hacia delante, lo que cambia la forma de estar de pie y de caminar. La pared abdominal se distiende y deja de sostener como sostenía. Y hay cambios hormonales que aumentan la laxitud de los ligamentos, incluidos los que estabilizan la pelvis.
El resultado es que estructuras que antes trabajaban repartidas empiezan a trabajar de forma desigual. No es una lesión ni una anomalía: es una adaptación. Pero adaptarse tiene un coste, y ese coste a menudo se nota en la zona lumbar y en la pelvis.
Lumbar, pélvico, o los dos
Merece la pena distinguirlos porque no se comportan igual. El dolor lumbar se siente en la parte baja de la espalda y suele empeorar al estar mucho rato de pie o sentada. El dolor pélvico se localiza más abajo, alrededor de la sínfisis del pubis o de las articulaciones sacroilíacas, y aparece típicamente al cambiar de postura: darse la vuelta en la cama, subir un escalón, salir del coche.
Muchas mujeres tienen los dos a la vez, y esa combinación es la que más limita el día a día. Saber cuál predomina cambia bastante el enfoque del tratamiento, y es una de las primeras cosas que miramos.
Qué dice la evidencia disponible
La revisión Cochrane de Liddle y Pennick, de 2015, reunió los ensayos publicados sobre prevención y tratamiento del dolor lumbar y pélvico durante el embarazo. Conviene leerla con atención, porque no dice lo que a un centro de osteopatía le gustaría que dijera.
Lo que mejor sale parado es el ejercicio. Para el dolor lumbar, el ejercicio en tierra redujo de forma significativa el dolor y la discapacidad funcional frente a la atención prenatal habitual, con una calidad de evidencia de baja a moderada. Los programas de ocho a doce semanas redujeron además el número de embarazadas con dolor lumbar y pélvico combinado.
Para el dolor pélvico aislado la cosa es más floja: la revisión señala evidencia limitada de que la acupuntura o la terapia craneosacral lo mejoren, y menciona la terapia osteomanipulativa y los abordajes multimodales como posiblemente beneficiosos, con calidad de evidencia baja. Los propios autores concluyen que es muy probable que nuevos estudios cambien estas conclusiones.
Dicho en corto: hay razones para pensar que la terapia manual puede ayudar, pero el respaldo científico más sólido hoy está del lado del ejercicio adaptado. Nos parece más útil decirlo que esconderlo.
Cómo lo abordamos en consulta
Empezamos por entender qué duele exactamente, cuándo y con qué movimientos. Eso ya orienta si lo que predomina es lumbar, pélvico o una mezcla.
El trabajo manual se centra en devolver movilidad donde se ha perdido y en repartir mejor las cargas entre pelvis, columna y caderas. El contacto se adapta al trimestre y a la postura que resulte cómoda; ninguna sesión debería incluir posiciones que no puedas mantener sin esfuerzo.
Y prácticamente siempre sale de la sesión algo para hacer entre visitas: cómo levantarte de la cama sin que duela, cómo sentarte en el trabajo, qué movimiento repetir en casa. Dada la evidencia sobre el ejercicio, esa parte no es un complemento del tratamiento: es parte del tratamiento.
Qué puedes empezar a hacer tú
Moverte con regularidad, dentro de lo que te permita el embarazo y de lo que te haya indicado tu matrona o tu ginecólogo. Caminar y la actividad en el agua suelen tolerarse bien y son de lo más estudiado.
Repartir el esfuerzo: evitar estar mucho rato en la misma postura, cambiar de posición a menudo, y prestar atención a los gestos que sabes que te disparan el dolor. Muchas veces se puede hacer el mismo movimiento de otra manera.
Y no dejarlo correr pensando que se pasará con el parto. A veces se pasa y a veces no, y llegar al tercer trimestre con la espalda muy castigada complica bastante las últimas semanas.
Cuándo hablar antes con tu matrona o tu ginecólogo
Siempre que haya algo que se salga del dolor mecánico habitual: dolor muy intenso o de aparición brusca, dolor acompañado de fiebre, sangrado, contracciones, pérdida de líquido, o cualquier síntoma que te preocupe.
La osteopatía durante el embarazo acompaña al seguimiento obstétrico; no lo sustituye en ningún caso. Si tienes un embarazo con seguimiento especial, díselo a quien te vaya a tratar antes de la primera sesión.
La información de esta página es divulgativa y no sustituye una valoración sanitaria individual.
Fuentes
- Liddle SD, Pennick V. «Tratamientos para la prevención y el tratamiento del dolor pélvico y lumbar durante el embarazo». Cochrane Database of Systematic Reviews, 2015, revisión CD001139. https://cochrane.org/es/CD001139/PREG_tratamientos-para-la-prevencion-y-el-tratamiento-del-dolor-pelvico-y-lumbar-durante-el-embarazo
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